fútbol hembra

Fútbol hembra
En la diagonal del campo la cámara abría a millones de ojos el juego en rombo de los héroes. El plano de hierba dibujaba en su cénit la estrategia paciente de la hembra que incuba un poliedro de victorias. Cuando entonces, el griego sabio truncó la perfección para los mortales y dejaba el esférico al pie de los atletas. Comienzan su partido infinito los dos mundos.

La jornada maciza su culto de fútbol afilado. El equipo enuncia el ataque en jabalina tensado desde medio centro. La vertiginosa dinámica tridente rompe lo previsto y graba el choque musculado sumando acometidas. Cuando el rival pespuntea su acosado campo, los raudos hacen daño en el costado de los que resistieron. El as de ases se arma poderoso y altivo para trazar implacable sus aciertos.

Un fractal de pases cortos, secuenciados de silencio, conjugados de plurales, crece sin prisa en su terreno y triangula de toques la gesta del caos de los rivales. Estrenando una y otra vez cada jugada, la malla de hombres teje y apodera el balón enamorado. Alumbraba en la frontera su recreo, su gol y su futuro; que un bailarín sin miedo deshila en cada triunfo a los bordes agotados de la escuadra.

En primarias canchas infantiles soñaron las mismas emociones. En duras escuelas deportivas sumaron esfuerzos y valores, cuando los más enseñaron a los menos. Y entrenó la vida en el juego su derrota, para que en ella todos aprendiéramos que su eco es un día de victoria.

 Fútbol hembra es un fragmento de este capítulo del libro Carbayón en rojo
© Luis E. García-Riestra
© Fotografía de Arturo Joaquín

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