playas
| Playas |
Veníamos del oriente salado de los labios, cuando la playa crujía en nuestra boca y aprendimos a hacer castillos para verlos caer sobre las ondas. Oyendo la concha de olas vivas, en mediodía la juventud nos hizo hermosos y seguros. Entonces subiremos de fuerza las dunas blancas, adonde habitan las muchachas de salitre que el mar trajo. En la distancia la playa es un paseo que atempera de vida trasegada.
Luce la hora de las tardes risueñas. Tránsito avisado de miradas. La ropa de Simorra desnuda el detalle de tu espléndida belleza, que acumula el dorado de los días felices. La brisa traía solo vida y en ella aprendimos a sumar certezas y a contar los días.
La anochecida llena toda soledad. La marea se ha ido. Yo camino sus rescoldos rojos; allí duermen los sueños de ambiciones y se alumbran los días repasados. Los muros se han quebrado y aprendido que los mares siempre ganan la partida. Otros son la espera de olas nuevas que los vientos navegan de su lado.
Playas, fragmento del relato del mismo título del libro Carbayón en rojo.
© Luis E. García-Riestra
© Fotografía de Arturo Joaquín
© Fotografía de Arturo Joaquín



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