¿Ú vas, ho?
Era un pueblo escondido en los valles de Asturias donde no había llegado el desarrollismo de los sesenta, que ya asomaba en las ciudades, a la vuelta del eco perdido al dejar nuestra casa de Oviedo. En un día, nuestros padres, mi hermana y yo habíamos viajado a un mundo rural sin calles y comercios, sin aceras y farolas; donde no tenían agua las casas, ni baños, ni inodoros; en el que las luces eran bombillas mortecinas cuando no eran candiles, y de barro los caminos habituales del valle siempre verde. Para vivir en una casa-escuela sin vecinos, fría y descuidada sobre el aula primaria, enorme y silenciosa donde mi padre había sido desterrado por un año de maestro. El régimen readmitía así al funcionario republicano tras veintiséis años destituido; la grave enfermedad padecida sin ingresos había abocado al hombre a pedir el retorno por un salario diezmado, renunciando a la academia privada que atendía y que hasta entonces había permitido vivir mejor a su familia ciudadana. ...